Cómo utilizar una freidora

Última actualización: 09.12.22

 

Electrodoméstico práctico donde los haya, no es demasiado frecuente encontrar la freidora en los hogares familiares, aunque sí que es de uso extendido en restaurantes, hotelería y, más aún, en comedores escolares y cocinas industriales.

Eso sí: una vez que la incorporas a tu cocina, no vas a querer dejar de usarla.

 

Para qué utilizar una freidora

Una de sus mayores ventajas es poder freír de manera rápida y fácil, logrando que los distintos alimentos queden en su punto justo de cocción. Las patatas, por ejemplo, y el pollo frito son apenas un par de componentes del menú que quedan perfectas usando la freidora.

Como contrapartida bastante específica, los calamares rebozados y el pescado en general se pueden freír en este ayudante de cocina, haciendo la salvedad de que dejan evidentes vestigios de su olor característico, obligándonos a cambiar de inmediato el aceite y limpiar concienzudamente para desterrar de nuestros predios aquella “fragancia” marina.

 

Temperatura óptima

Las freidoras eléctricas vienen equipadas con un termostato, elemento esencial para controlar la temperatura de cocción de los alimentos que, en todo caso, jamás debemos dejar que supere los 180 grados, pues los somete a un indeseable proceso de recalentamiento que desvirtúa su textura y sabor.

160 grados resulta la temperatura más apta para freír la gran mayoría de comida, salvo excepciones bastante específicas. Los otros elementos que conforman la freidora son la cubeta de aluminio (que incorpora el termostato y la resistencia eléctrica) y la cesta removible.

Recomendaciones generales

Hay que usar siempre la cantidad de aceite requerida recomendada para cada modelo (nunca más ni nunca menos). Esto garantiza una adecuada operación de este electrodoméstico en la cocción de los alimentos.

Un elemento primordial es la elección del aceite que vamos a utilizar: en este sentido, no debemos escatimar en cuanto al uso prioritario de aceite de oliva o, en segundo término, de aceite de girasol. Ambos aceites soportan altas temperaturas, debido a su estabilidad, retardando la oxidación, con la ventaja de preservar el sabor natural de los ingredientes, generando menos espuma y menor cantidad de residuos.

Otra sugerencia relevante es evitar mezclar distintos tipos de aceite. Tampoco se debe agregar aceite nuevo sobre aceite previamente usado para rellenar la freidora. En la medida en que no desees usar cada vez aceite nuevo, se recomienda entonces tamizar el aceite ya utilizado (mediante el uso de un colador con un filtro de papel tipo cafetera o, en su defecto, servilletas de papel que recojan los residuos, especialmente de los rebozados). En todo caso, no se debe reusar más de un par de veces el aceite.

Al introducir los alimentos en la freidora, verifica que se encuentren “secos”. Cualquier rastro de humedad, altera de inmediato la estabilidad del aceite, lo descompone, desvirtuando el sabor de los alimentos y provoca salpicaduras riesgosas que pueden producir quemaduras.

 

Limpieza y mantenimiento

Una manera estupenda de conservar este electrodoméstico impecable consiste en limpiarlo habitualmente de forma concienzuda. Se trata de un proceso bastante sencillo: una vez fría la freidora, se desconecta de la fuente de alimentación y procedemos a vaciar la cubeta del aceite. Hay modelos donde se puede extraer la cubeta, lo que ofrece mayor comodidad y libertad de acción.

En cualquier caso, se recomienda lavar con líquido lavavajillas mezclado con vinagre. Esto ayuda a eliminar olores residuales de los alimentos. La cesta extraíble se lava como cualquier otro recipiente de cocina. El exceso de grasa y residuos se puede remover usando algún producto desengrasante habitual en el mercado.

 

 

 

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